
No es el café. Es lo que ocurre en mí cuando lo sostengo caliente entre las manos. Es el silencio. La oscuridad suave. El mundo todavía dormido mientras yo me despierto por dentro.
Mi café de las 5 de la mañana no es una rutina. Es un momento sagrado. Es ese instante donde no soy gerente, ni hija, ni pareja, ni hermana, ni amiga. Soy solo yo. Sintiendo. Pensando. Observando lo que hay en mí.
Ahí llegan mis ideas, mis preguntas filosóficas, mis conversaciones internas con esa parte de mí que no necesita validación.
A veces me cuestiono, a veces agradezco, a veces solo respiro. Pero siempre estoy.
Y en esas pausas también aprendo a no imponerme nada, a no juzgarme, a observarme con más compasión. A permitir que lo que soy se exprese sin tener que explicarse del todo.
Y por eso le llamo arte. Porque encontrar ese momento no es una tarea ni una obligación. Es un acto de creación personal.
Tal vez el tuyo no sea con café. Tal vez sea al caer la tarde, o en la ducha, o al escribir, o al manejar sin música (lo disfruto bastante). Tal vez no lo has descubierto, o no te has detenido a sentir si existe.
También puede ser que, sin saberlo, evites estar contigo, porque no siempre es cómodo escucharse. Y eso también es válido. A veces, simplemente no es el momento. Pero si algún día te nace explorar ese espacio, que sea sin exigencias, con suavidad.
No sé si todas las personas sienten la necesidad de tener un momento sagrado. No sé si lo desean, si lo buscan, si les incomoda la idea.
Lo que sí sé es que para mí, existe. Y me hace bien.
Tal vez tú también tengas uno y no lo hayas nombrado. Tal vez no. No lo sé. Y esa es una respuesta que también merece espacio.
Porque vivir en la pregunta, sin forzar la respuesta, también es sabiduría. A veces no hay que entenderlo todo, solo sentir si algo vibra contigo o no.
Este post no busca decirte cuándo, ni cómo. Solo quiere invitarte a que observes. Que sientas. Que te descubras.
Porque cuando uno encuentra ese momento sagrado —aunque dure cinco minutos— el día comienza distinto. La vida se acomoda diferente.
Si te hace bien, cuídalo. Y si no… como decimos por aquí: tumba eso.
Con amor y con café,
Yuli R
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