Your Radiance

El sentido no siempre se entiende, pero siempre se siente

Comenzó temprano, con la mente abierta y el corazón dispuesto, en una conferencia donde grandes voces hablaban sobre el nuevo rumbo que está tomando el mundo empresarial. Ya no solo se trata de producir más, ni de alcanzar metas económicas. Ahora, en el centro de todo, está el ser humano. El bienestar. La pregunta profunda que cada vez resuena más fuerte:

Escuché hablar de propósito, de equilibrio, de la necesidad de que las personas sientan que su vida laboral también nutre su existencia personal. Y mientras los escuchaba, algo dentro de mí decía en silencio:

«Esto es. Esto es lo que siempre he querido construir.»


Horas después, como si el día quisiera regalarme un cierre perfecto, recibí un correo de la pasante que recientemente estuvo con nosotros en la empresa.

Sus palabras fueron simples, pero profundamente emotivas. Agradecía la oportunidad, pero sobre todo, agradecía haberse sentido en familia. Ví en sus líneas algo mucho más grande que un simple «gracias»:

Sentirse parte. Sentirse vista. Sentirse cuidada.

Y me detuve. Porque justo eso era lo que había escuchado en la conferencia horas antes: que las personas no solo buscan un trabajo; buscan sentido.


Y aquí es donde todo se enlaza y se vuelve reflexión:

¿Qué realmente da sentido? ¿Es lo que entendemos? ¿O es lo que sentimos?


Quizá siempre hemos estado buscando sentido.
Quizá simplemente ahora nos atrevemos a hablar más de ello.
Quizá es un anhelo antiguo en el corazón humano que por fin está encontrando espacio para ser nombrado.

Yo no lo sé con certeza.

Lo que sé es lo que sentí ayer: que el sentido aparece cuando lo que hacemos toca la vida de otros de forma genuina. Cuando alguien, aunque sea una persona, se siente acompañado, valorado, sostenido.


El sentido no siempre se entiende.
Pero cuando llega… siempre se siente.

Y quizá de eso se trata este camino que estoy recorriendo: de seguir haciendo lo que nace, aunque no siempre haya respuestas inmediatas. De sembrar, aunque no siempre vea la flor abrirse. De confiar, aunque no siempre entienda cómo.

Con el alma en la mano,
Yuli R.

Comentarios

Deja un comentario