Your Radiance

Una taza de atención 

Esta mañana, mientras veía mi taza de café servida con cuidado sobre una bandejita, algo dentro de mí se detuvo.

Por primera vez en días, no lo miré con nostalgia, ni con rabia, ni con resignación.

Lo miré como si fuera un regalo. Uno pequeño, simple… pero inmenso.

Y entonces me pregunté:

Hace unos días, mi cuerpo me habló.

No fue con palabras, claro. Fue con molestias, con un estómago sensible que no encontraba paz, con una sensación interna que gritaba: “bájale al ritmo”.

Y aunque al principio me resistí, hoy lo veo distinto.

Tal vez no me estaba castigando.

Tal vez solo estaba… avisando.

Recordé entonces otros momentos:

La prueba de espirometría que me alertó sobre la necesidad de hacer más cardio.

Las emociones atravesando el cuerpo como oleajes que no se pueden ignorar.

Los días de tensión acumulada que se reflejan sin permiso en la digestión, en la piel, en el ánimo.

Hoy caminé sin ganas, lo confieso.

Pero caminé. Entrené. Me moví.

Y mientras lo hacía, sentí una claridad emocional que no venía de la mente, sino del cuerpo mismo.

Como si me dijera: “Gracias. Era esto.”

Y entonces volví a pensar en mi café.

No sé cómo me sentiré mañana.

No sé si tendré la misma fuerza para elegir lo que hoy elegí.

Pero hoy, sí. Hoy escuché. Hoy respondí con ternura.

Y mientras escribo esto, con esa única taza al lado, pienso:

Quizás la clave está en eso:

No vivir el proceso desde el agobio, sino desde la oportunidad.

Un día a la vez.

Una taza a la vez.

Una decisión de amor a la vez.

Yuli R.

Comentarios

Deja un comentario