
Esta mañana, mientras veía mi taza de café servida con cuidado sobre una bandejita, algo dentro de mí se detuvo.
Por primera vez en días, no lo miré con nostalgia, ni con rabia, ni con resignación.
Lo miré como si fuera un regalo. Uno pequeño, simple… pero inmenso.
Y entonces me pregunté:
¿Qué cambia cuando en lugar de mirar lo que se va, miro lo que aún tengo?
¿Y si no se trata de que me están quitando cosas, sino de que estoy aprendiendo a valorarlas?
⸻
Hace unos días, mi cuerpo me habló.
No fue con palabras, claro. Fue con molestias, con un estómago sensible que no encontraba paz, con una sensación interna que gritaba: “bájale al ritmo”.
Y aunque al principio me resistí, hoy lo veo distinto.
Tal vez no me estaba castigando.
Tal vez solo estaba… avisando.
¿Y si el cuerpo no es el enemigo que nos limita, sino el aliado que nos avisa?
¿Y si cada malestar es una forma de decir: “mírame, escúchame, préstame atención”?
⸻
Recordé entonces otros momentos:
La prueba de espirometría que me alertó sobre la necesidad de hacer más cardio.
Las emociones atravesando el cuerpo como oleajes que no se pueden ignorar.
Los días de tensión acumulada que se reflejan sin permiso en la digestión, en la piel, en el ánimo.
¿Y si todo eso es parte del mismo lenguaje?
¿Y si lo que llamamos síntomas son, en realidad, cartas que el cuerpo nos escribe cuando ya no puede más?
⸻
Hoy caminé sin ganas, lo confieso.
Pero caminé. Entrené. Me moví.
Y mientras lo hacía, sentí una claridad emocional que no venía de la mente, sino del cuerpo mismo.
Como si me dijera: “Gracias. Era esto.”
Y entonces volví a pensar en mi café.
¿Qué cambia cuando dejamos de vivir los ajustes como castigos… y comenzamos a verlos como autocuidado?
¿Y si no es que tengo que dejar muchas cosas, sino que necesito hacerlas desde otro lugar, con otra conciencia, con más amor?
⸻
No sé cómo me sentiré mañana.
No sé si tendré la misma fuerza para elegir lo que hoy elegí.
Pero hoy, sí. Hoy escuché. Hoy respondí con ternura.
Y mientras escribo esto, con esa única taza al lado, pienso:
¿Cuántas veces nos quejamos por tener que hacer cambios, cuando en realidad deberíamos dar gracias por estar a tiempo para hacerlos?
Quizás la clave está en eso:
No vivir el proceso desde el agobio, sino desde la oportunidad.
Un día a la vez.
Una taza a la vez.
Una decisión de amor a la vez.
Yuli R.
Deja un comentario