Your Radiance

Vivir como si no fuéramos eternos

En estos días he pensado mucho en algo que, aunque todos sabemos, rara vez dejamos que cale hondo: un día vamos a cerrar los ojos… y no volveremos a abrirlos.

No sabemos cuándo. No sabemos cómo. Pero sí sabemos que pasará.

Y entonces me pregunto:

¿Por qué vivimos como si fuéramos eternos?

¿Por qué postergamos tanto lo que nos hace bien?

¿Por qué nos sumimos tanto en el dolor, como si fuera a quedarse para siempre?

Hace poco estuve en espacios donde se despedía a personas que partieron. Y mientras veía las flores, los abrazos, las lágrimas y los silencios, sentí un golpe de realidad:

lo único seguro que tenemos es que, algún día, ya no estaremos aquí.

No lo digo con miedo. Lo digo con gratitud.

Porque si todo termina, entonces lo que está ahora es valioso.

Sea bueno o malo.

Sea una etapa dulce o una temporada difícil… nada dura para siempre.

Si hoy amo algo, un día puede cambiar.

Si hoy me duele algo, un día puede pasar.

Si hoy tengo cerca a alguien, un día puede que no esté.

Si hoy puedo caminar, reír, escribir o abrazar, un día tal vez no pueda.

Entonces, ¿por qué esperar?

¿Por qué no hacerlo hoy?

¿Por qué no disfrutar lo que tengo… y soltar lo que pesa?

No se trata de vivir con miedo a perder.

Se trata de vivir con presencia.

De decir “gracias” por esta taza de café caliente.

Por la llamada que sí contesté.

Por el abrazo que no pospuse.

Por la conversación que no dejé para otro día.

Quizás, si viviéramos recordando que nada es eterno, dejaríamos de postergar la vida.

Tal vez amaríamos con más fuerza, perdonaríamos más pronto, y agradeceríamos incluso lo que no entendemos todavía.

Hoy, más que nunca, me repito:

Esto que tengo, hoy está. Mañana… no lo sé.

Y por eso, hoy lo vivo.

Yuli R.

Comentarios

Deja un comentario