
Como la mariposa, también nosotros necesitamos tiempo para desplegar nuestras alas.
La vida y la sociedad nos dictan velocidad. Todo tiene que ser inmediato, todo urge, todo es para ayer. Pero… ¿y si nos detenemos a pensar un momento? ¿Dónde queda el proceso?
En estos días me he dado cuenta de que muchas veces he querido volar antes de caminar. He querido tener la experiencia de 20 años cuando solo llevo cinco en este camino de construir y liderar. Muchas veces me exijo actuar como si ya debiera saberlo todo, como si ya debiera hacerlo perfecto.
Pero la verdad es que no. Estoy en pleno proceso de aprendizaje, de desarrollo. Y ese proceso es válido, necesario y valioso. He tomado decisiones en estos días que hace tres años no hubiera podido tomar. Y eso no es un error, es evidencia de evolución.
La mariposa tampoco vuela de inmediato
Hay algo muy sabio en la naturaleza. Observemos la mariposa: no nace volando. Primero es oruga. Luego, atraviesa un proceso silencioso, invisible desde afuera, dentro de un capullo que la transforma. Y solo entonces, cuando está lista, extiende sus alas.
¿Por qué nos exigimos a nosotros mismos un vuelo inmediato, si la propia vida nos muestra que todo tiene un ritmo?
Vivimos una metamorfosis
Estamos viviendo una metamorfosis. Y no hay evolución sin tiempo, sin fricción, sin práctica. No se nace sabiendo. No se lidera sin fallar. No se madura sin pasar por etapas incómodas. Cada error, cada duda, cada decisión que aún no sabemos tomar, forma parte del proceso que nos prepara para lo que viene.
¿Por qué nos maltratamos cuando fallamos?
¿Por qué no nos hablamos como nos hablaríamos a nosotros mismos si entendiéramos que estamos en proceso?
Lo urgente no siempre es lo importante
A veces creemos que el éxito está en llegar rápido. Pero la verdadera sabiduría está en saber llegar en paz.
En aceptar que hoy no sé todo, pero mañana sabré un poco más.
En respetar el tiempo que necesita cada transformación.
En no compararme con quien lleva otra historia, otros años, otros pasos.
Antes de volar, habitémonos
Porque no hay vuelo sin raíz.
No hay alas sin cuerpo.
No hay logro sin proceso.
Y así como la mariposa no se fuerza a salir del capullo antes de tiempo, tampoco nosotros deberíamos forzarnos a ser quienes aún estamos aprendiendo a ser.
Aceptemos el ritmo de nuestra evolución. Honremos nuestro proceso.
Porque crecer también es aceptar que aún no sabemos, pero estamos aprendiendo.
Yuli R.
Deja un comentario