Your Radiance

El poder de construir una familia en el trabajo

La vida laboral nos ha vendido muchas veces la idea de que el trabajo y la vida personal deben estar separados, como si fueran dos mundos que no deben tocarse. Pero… ¿cómo no van a tocarse si pasamos la mayor parte del día en ese lugar que llamamos “trabajo”? ¿Cómo no llamarlo familia cuando compartimos tantas horas, tantas emociones y tantos proyectos en común?

El día de ayer celebramos un nuevo aniversario. Cinco años. Un número que puede parecer pequeño, pero que está lleno de historia, esfuerzo, aprendizaje y sobre todo: gente hermosa construyendo juntas.

Fue una celebración sencilla, pero inmensa en significado. Mientras daba las palabras de bienvenida, sentía un orgullo que no cabía en mí. Orgullo de mirar alrededor y ver un equipo de personas comprometidas, entregadas, dispuestas a dar más allá de lo que “les toca”. Y no por obligación, sino porque hay un sentimiento real de pertenencia, de cuidado mutuo.

En más de una ocasión hemos tenido que trabajar horas extras, todos alineados en un mismo objetivo. Y aunque el cansancio pesa, la integración y la colaboración nos sostienen. Cada aporte, cada gesto, cada “yo te ayudo”, hace que el trabajo no se sienta tan pesado.

Durante la celebración, escuché a varios compañeros expresar cómo se sienten: hablaron de comodidad, de sentirse acogidos, de haber encontrado en este lugar una especie de hogar. Algunos incluso compartieron lo difícil que fue encontrar una oportunidad laboral antes de llegar aquí, y cómo hoy sienten que están donde deben estar.

Hubo quien dijo que aquí encontró la familia que no tuvo. Y eso… eso no tiene precio.

Hubo quienes confesaron que llegaron con miedo, pero que ese miedo se fue disipando al sentir el trato humano, la cercanía, la calidez del día a día.

Y entonces me pregunto:

¿Por qué nos cuesta tanto asumir que sí, que nuestros compañeros de trabajo también son nuestra familia?

¿Cómo no van a serlo si compartimos risas, metas, retos, frustraciones, almuerzos, silencios, y hasta momentos difíciles?

Claro, faltaron muchos rostros ese día. Especialmente quienes están en campo, en la primera línea, entregándolo todo. Pero su presencia se siente, porque el equipo es uno solo, y cada rol es esencial. Son el motor que impulsa todo.

Al final del día, no se trata de ser perfectos, ni de tener una empresa sin errores o sin retos. Se trata de construir, juntos, un espacio donde dé gusto estar. Donde podamos ser nosotros mismos. Donde podamos crecer.

Y si eso no es familia… entonces, ¿qué lo es?

Yuli R.

Comentarios

Deja un comentario