
Una exploración íntima de lo que arde demasiado fuerte dentro
Hay una palabra que me ha estado dando vueltas en la cabeza estos días: radical.
Y no por lo que comúnmente se asocia con ella —imposición, dureza, extremismo—, sino por lo que me está mostrando de mí misma…
De este corazón que ama, siente, sueña y espera con intensidad total.
Y es que sí, cuando siento, siento al extremo.
Y cuando espero, lo hago desde lo más puro de mí.
Y cuando algo me duele, mi alma entera se agita.
Entonces me pregunto…
¿Cuándo fue la primera vez que me sentí “demasiado”?
¿A quién le molestó mi intensidad?
¿Y cuándo comencé a querer contenerla?
Porque a veces, esa intensidad me ha llevado a ser radical.
A querer que las cosas sean como deben ser (según mi visión).
Y cuando no lo son, algo dentro de mí quiere cerrarse, bloquearse, desconectarse.
Pero…
¿De verdad todo debe ser como yo lo imagino?
¿O esa necesidad de “como debe ser” es un escudo que protege una herida más profunda?
Me estoy cuestionando:
- ¿Cómo sería soltar sin rendirme?
- ¿Cómo sería amar sin controlar?
- ¿Cómo sería sostener mis valores sin imponer mis formas?
Porque no quiero apagar este fuego.
No quiero dejar de sentir profundamente.
No quiero convertirme en alguien que observa todo desde lejos para no quemarse.
Solo quiero aprender a regular el fuego sin apagar la llama.
Aprender que mi pasión, cuando se equilibra con pausa, se convierte en guía y no en carga.
Y que ser intensa no es un problema, si me trato con amor en medio de esa intensidad.
Hoy no quiero señalarme por ser así.
Hoy me abrazo.
Y me sigo preguntando:
¿Qué pasaría si en lugar de exigirme tanto, me escucho más?
¿Qué pasaría si dejo de pensar que tengo que controlarlo todo para que todo esté bien?
¿Qué pasaría si confío en que hay otras formas, además de la mía?
Esto no es una rendición.
Esto es una nueva forma de mirar mi corazón radical.
No para reducirlo, sino para guiarlo con más conciencia, compasión y equilibrio.
Y tú…
¿Tienes también un corazón radical?
Yuli R.
Deja un comentario