Your Radiance

Mientras aprendo a caminar

No fue un momento planeado.

Salía de la oficina, con la cartera colgando del hombro y la mente haciendo su resumen del día, cuando se detuvo en seco.

No por algo afuera.

Sino por algo que se movió adentro.

Frente a ella, una escena cotidiana:

las chicas del equipo bajaban las escaleras, charlando, riendo bajito, con esa energía de final de jornada.

El sol de las 5:30 p.m. se colaba entre los árboles, pintando el piso con una luz tibia.

Pero algo en esa imagen —tan simple, tan habitual— la hizo quedarse quieta.

Las observó por unos segundos.

Y le llegó un pensamiento claro, nítido:

“Ellas son parte de tu equipo.”

Y de inmediato, como una segunda voz que aparece sin ser invitada, otra pregunta le pinchó el pecho:

“¿Por qué todavía te cuesta creerlo?”

No era una duda de capacidad.

Tampoco de valor.

Era algo más profundo.

Un eco de lo que nunca se le enseñó a habitar.

Nadie, en su historia cercana, le había modelado lo que significaba sostener a otros con conciencia.

No había visto a nadie tomar decisiones sin endurecerse.

Ni crecer sin apagar su parte más sensible.

Y sin embargo, ahí estaba ella.

Siendo eso.

Haciendo eso.

Sosteniendo personas, procesos, emociones, detalles…

y aún así, a veces, sintiéndose niña en tierra desconocida.

Se apoyó en la columna de la entrada.

Respiró hondo.

Sintió una ternura rara, pero hermosa, hacia sí misma.

Tal vez no se trataba de “creérselo”.

Tal vez lo importante era empezar a habitar lo que ya era,

aunque aún no se sintiera del todo integrado.

Aunque a ratos no supiera cómo.

Y entonces, casi sin pensarlo, llegó una nueva pregunta.

Una de esas que no buscan respuesta inmediata,

sino espacio interno:

¿Qué significa realmente ocupar un lugar, si aún lo estoy descubriendo mientras lo camino?

Y ahí, en ese atardecer simple,

la duda no fue inseguridad.

Fue conciencia.

Fue semilla.


Epílogo

Una pregunta que me dejó esta historia

¿Qué significa realmente ocupar un lugar, si aún lo estoy descubriendo mientras lo camino?

Me lo pregunto porque, aunque ya esté ahí,

aunque ya sostenga, acompañe y decida…

hay partes de mí que todavía se están acomodando.

Y en vez de sentirme insegura por no tenerlo todo claro,

elijo mirar esa duda como un acto de conciencia.

Tal vez el verdadero liderazgo no es el que se impone desde la certeza,

sino el que camina con alma,

el que ocupa su lugar con humanidad,

aunque todavía le tiemble un poco la voz.

Yuli R.

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