
Cuando el alma reconoce que fue sostenida sin saberlo
No fue un gran suceso. No fue una escena que parezca digna de escribir. Y sin embargo… fue uno de esos momentos que deberían tatuarse en la memoria.
Uno de esos instantes que solo se entienden después. Como si el alma lo guardara en secreto… hasta que una está lista para verlo.
Estaba en el laboratorio, haciéndome unas analíticas. Nada fuera de lo común, al menos por fuera. Por dentro, era otra historia.
Venía arrastrando días difíciles. Temas de salud, temas de trabajo, temas hormonales, todo junto. La presión alterada, el cortisol disparado, la ovulación haciéndome sentir como una olla sin tapa.
Y justo cuando estaba ahí, con una banda en el brazo y el corazón alterado, me hacen una llamada de trabajo. Incómoda. Abrumadora. Inoportuna.
Fue como si mi cuerpo dijera: ya no puedo más.
Y entonces ella.
La mujer del laboratorio que me asistía. Una voz dulce. Una paciencia sin prisa. Me miró con calma. Me dijo tranquila:
“Tú vas a poder con todo esto. Todo va a salir bien.”
Y esas palabras, que quizás para ella fueron una cortesía más, para mí fueron un ancla.
No lo vi del todo en ese momento. Lo agradecí, sí. Lo sentí, sí. Pero no lo entendí.
Hoy sí.
Hoy reconozco que fue un momento Ichigo Ichie (un instante irrepetible), sostenido por la presencia plena de una persona que, sin saberlo, me sostuvo.
Y entonces me surgió esta pregunta:
¿Cómo puedo crear ahora un momento parecido para ella?
Y no lo sé del todo. No tengo una fórmula ni un gesto predecible. Solo sé que, cuando algo te toca tan hondo, hay una parte dentro de ti que quiere responder, no desde el deber, sino desde la gratitud.
Tal vez se trata de eso… de mirar el mundo no desde lo que tenemos que hacer, sino desde lo que podemos ofrecer, si estamos atentos a lo invisible.
Porque eso somos, a veces, sin saberlo: ángeles para otros. Y cuando alguien te lo devuelve, algo se despierta en ti.
Yo no sé qué haré aún. Pero sí sé que quiero vivir con más intención. Y que si un pequeño gesto mío puede sostener a alguien así como yo fui sostenida, entonces quiero estar presente para ese instante.
Quizá la vida va de eso:de aprender a reconocer cuándo fuimos abrazados en silencio… y de buscar, desde el alma, cómo volver a abrazar.
Epílogo
A veces creemos que estamos teniendo un mal día… hasta que alguien, con una sola frase, nos recuerda lo fuertes que somos. Y a veces, ese alguien también necesita saber que lo que hizo, importó.
YR.
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