Your Radiance

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  • ✨ Cuando dirigir también es cuidar

    Hoy no vengo con certezas. Vengo con una sensación que se repite:

    Desde hace tiempo observo cómo se espera que un buen líder sea siempre firme, decidido, controlado.

    Como si sentir lo hiciera débil. Como si preguntar o empatizar fuera una forma de perder autoridad.

    Y yo no lo veo así. Pero admito que a veces me pregunto si los demás sí lo ven así.

    Yo no quiero dejar de sentir para que me tomen en serio.

    Pero tampoco quiero que el cuidado se confunda con falta de dirección.

    Y ahí es donde aparece esa tensión interna:

    Hay días que quiero marcar el paso. 📝

    Y otros en los que simplemente quiero mirar a alguien a los ojos y preguntarle si está bien, de verdad. 👀 🤲

    Estoy aprendiendo que el liderazgo no es un molde único. Que hay muchas formas de acompañar. Que mi estilo puede ser diferente, y aun así válido.

    Ser firme cuando toca, pero no dejar de ser humana en el camino.

    Y sí, hay momentos en los que dudo. En los que me da miedo que no se entienda mi manera de liderar.

    Pero también hay momentos en los que siento que esa manera mía —genuina, tranquila, empática, a veces gruñona, un poco explosiva cuando entiendo que se necesita— sí funciona. 🔥💡

    Hoy no tengo una gran conclusión. Pero sí una certeza suave:

    👉 Quiero seguir aprendiendo a dirigir sin dejar de cuidar.

    👉 A ser firme sin dejar de ser cercana.

    👉 A exigir sin olvidar que todos estamos viviendo algo que no se ve.

    Yuli R. 🫶

  • 🌗 Entre Yuli y María

    Hay días en los que me levanto siendo Yuli.

    Camino firme, pienso en grande, se me iluminan los ojos de tanta vida que siento por dentro.

    Es la que tiene ideas a las 5 a.m., ☕ la que encuentra metáforas en una taza de café, la que se para frente a un grupo y habla con el alma, aunque tiemble.

    María es la que recuerda que no todos los espacios son seguros, que la vida no siempre es suave, que a veces es mejor resguardarse, pensar dos veces, proteger lo que tanto ha costado construir.

    No son dos versiones separadas.

    Yuli y María viven juntas, se escuchan, se cuidan. 🤝

    Y en esa danza sutil entre las dos, me sostengo. Hay quienes me ven y creen que soy solo Yuli. La luminosa, la que inspira, la que va creando cosas bonitas.

    Pero no siempre saben que muchas veces fue María quien puso las bases en silencio para que Yuli pudiera volar sin desbordarse.

    Y si Yuli brilla, es también porque María no la dejó romperse. Antes pensaba que tenía que elegir entre una u otra.

    Hoy entiendo que mi verdad está en la unión de las dos. 🌗 En esa dualidad que me hace compleja, sí… pero también auténtica.

    Una dualidad que ya no me divide, sino que me equilibra.

    Y juntas, aprendemos a vivir en esa conversación amorosa entre el impulso y la pausa.

    No siempre lo digo, pero hoy lo escribo: yo soy ambas.

    Yuli R.

  • Mi café de las 5 a.m. y el arte de encontrar tu momento sagrado

    No es el café. Es lo que ocurre en mí cuando lo sostengo caliente entre las manos. Es el silencio. La oscuridad suave. El mundo todavía dormido mientras yo me despierto por dentro.

    Mi café de las 5 de la mañana no es una rutina. Es un momento sagrado. Es ese instante donde no soy gerente, ni hija, ni pareja, ni hermana, ni amiga. Soy solo yo. Sintiendo. Pensando. Observando lo que hay en mí.

    Ahí llegan mis ideas, mis preguntas filosóficas, mis conversaciones internas con esa parte de mí que no necesita validación.

    A veces me cuestiono, a veces agradezco, a veces solo respiro. Pero siempre estoy.

    Y en esas pausas también aprendo a no imponerme nada, a no juzgarme, a observarme con más compasión. A permitir que lo que soy se exprese sin tener que explicarse del todo.

    Y por eso le llamo arte. Porque encontrar ese momento no es una tarea ni una obligación. Es un acto de creación personal.

    Tal vez el tuyo no sea con café. Tal vez sea al caer la tarde, o en la ducha, o al escribir, o al manejar sin música (lo disfruto bastante). Tal vez no lo has descubierto, o no te has detenido a sentir si existe.

    También puede ser que, sin saberlo, evites estar contigo, porque no siempre es cómodo escucharse. Y eso también es válido. A veces, simplemente no es el momento. Pero si algún día te nace explorar ese espacio, que sea sin exigencias, con suavidad.

    No sé si todas las personas sienten la necesidad de tener un momento sagrado. No sé si lo desean, si lo buscan, si les incomoda la idea.

    Lo que sí sé es que para mí, existe. Y me hace bien.

    Tal vez tú también tengas uno y no lo hayas nombrado. Tal vez no. No lo sé. Y esa es una respuesta que también merece espacio.

    Porque vivir en la pregunta, sin forzar la respuesta, también es sabiduría. A veces no hay que entenderlo todo, solo sentir si algo vibra contigo o no.

    Este post no busca decirte cuándo, ni cómo. Solo quiere invitarte a que observes. Que sientas. Que te descubras.

    Porque cuando uno encuentra ese momento sagrado —aunque dure cinco minutos— el día comienza distinto. La vida se acomoda diferente.

    Si te hace bien, cuídalo. Y si no… como decimos por aquí: tumba eso.

    Con amor y con café,

    Yuli R