
Hoy abrí un libro buscando una reflexión… y terminé encontrándome conmigo misma.
Estaba buscando El poder del ahora. Sabía que lo tenía guardado entre varios libros y decidí abrirlo temprano en la mañana, en uno de esos momentos silenciosos donde el día todavía no empieza del todo.
Al abrir la primera página, me encontré con una frase escrita por mí:
«Lo que decidas hacer, procura que te haga feliz.»
Y debajo… una fecha: 2017.
Me quedé mirando la página en silencio. Pasé el dedo por la tinta, como si quisiera comprobar que era real. Y la releí varias veces, despacio, como quien escucha su propia voz llegar desde lejos.
Porque no fue solo la frase lo que me movió. Fue reconocer que muchas cosas que hoy forman parte de mí ya vivían dentro de mí desde hace años. Mucho antes de entenderlas. Mucho antes de ponerles nombre.
Creo que eso fue lo que más me estremeció.
Y mientras seguía mirando la página, recordé a la niña que dejaba notitas para expresar lo que sentía. Quizás esa siempre fue mi manera de habitarme: buscar espacios donde lo que siento pudiera tomar forma, orden y sentido.
Tal vez por eso hoy me hace tanto bien reflexionar. Porque noto que algo dentro de mí encuentra calma cuando me permito mirar hacia adentro. Cuando algo que estaba disperso finalmente encuentra claridad.
Poco a poco, muchas cosas empezaron a conectarse.
Las frases guardadas en cuadernos que ya no recordaba. Los libros subrayados con la urgencia de quien encuentra algo que ya intuía. Mi imagen de perfil desde hace años: una mujer leyendo, acompañada de un café y de su mundo interior.
Y, en el fondo, la misma necesidad de siempre: buscar profundidad, bienestar y autenticidad.
Ahí fue cuando todo tomó otra dimensión.
Porque quizás este espacio no nació el día que decidí darle forma. Quizás llevaba años creciendo silenciosamente dentro de mí. En mi manera de mirar la vida. En las palabras que me acompañaban sin entender todavía por qué me movían tanto. En esa búsqueda constante de sentirme bien conmigo misma.
A veces creemos que estamos construyéndonos desde cero… cuando quizás llevamos toda una vida convirtiéndonos, poco a poco, en quienes ya éramos.
Y por eso esta mañana me emocioné tanto.
Porque, por un instante, sentí que todas mis versiones se encontraron.
La niña que buscaba formas silenciosas de expresar lo que sentía. La joven que escribió una frase en un libro en 2017 sin imaginar lo que significaría años después. Y la mujer que hoy comprende que, quizás, siempre estuvo caminando hacia este mismo lugar.
Y, de alguna manera, todas parecían decirme lo mismo:
«Siempre estuvimos aquí.»
Y R.
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