
Hay cosas que sabemos… pero no miramos
No fue una decisión grande.
Ni un momento exacto.
Fue más bien una sensación que llevaba tiempo ahí: esa certeza silenciosa de saber que había algo que debía mirar, pero que, de alguna forma, siempre encontraba cómo dejar para después.
“Luego lo veo.”
“Ahora no es el momento.”
“Déjame resolver esto primero.”
Y así, casi sin darme cuenta, los días fueron pasando.
No era falta de tiempo.
Tampoco falta de claridad.
Era algo más difícil de admitir.
Había una parte de mí que sabía que, si miraba de frente esa realidad, algo tendría que moverse.
Y quizás eso era lo que más pesaba.
Porque a veces creemos que estamos evitando una acción, cuando en realidad estamos evitando lo que esa acción nos va a mostrar.
Un día, sin que ocurriera nada extraordinario, esa idea apareció con más fuerza.
Tal vez no estoy esperando el momento perfecto, pensé.
Tal vez estoy evitando el momento incómodo.
Y reconocerlo tuvo algo de verdad y de incomodidad al mismo tiempo.
Porque hay cosas que, una vez vistas, ya no pueden volver a esconderse del mismo modo.
La realidad no cambia porque la pospongamos.
Solo permanece ahí, discreta pero insistente, hasta que algo nos obliga a prestarle atención.
A veces es una señal.
A veces una conversación.
A veces una incomodidad que crece.
A veces incluso el cuerpo, que habla cuando uno lleva demasiado tiempo sin escuchar.
Y entonces hacemos lo que, en el fondo, sabíamos que tocaba hacer.
No porque de pronto lo entendimos todo.
Sino porque ya no podemos seguir mirando hacia otro lado.
Y ahí aparecen preguntas más honestas:
¿Será miedo?
¿Será resistencia?
¿Será que prefiero la tranquilidad momentánea antes que la incomodidad de asumir lo que viene?
O quizás es algo todavía más profundo:
¿será que no quiero hacerme responsable de lo que cambia después de ver la verdad?
No tengo todas las respuestas.
Pero sí hay algo que hoy se siente claro: hay realidades que no desaparecen porque las ignoremos.
Y quizás, más que seguir esperando una señal perfecta, lo que toca es algo más simple y más valiente:
mirar.
✦ Epílogo ✦
A veces no postergamos la acción… postergamos la verdad que viene con ella.
Y cuando finalmente decidimos mirar, no siempre encontramos comodidad.
Pero sí encontramos realidad.
Y tal vez ese sea el primer paso para dejar de cargar, en silencio, con lo que ya sabíamos.
Y R.
Deja un comentario